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LEY

Coordinan: Lic. Laura Manghi y Lic. Carola Robles

POR QUé LA PSICOMOTRICIDAD NECESITA UNA LEY DE EJERCICIO PROFESIONAL

La ley que impulsamos representa tanto un punto de llegada que procura recoger las distintas trayectorias y manifestaciones, aquí resumidas, que la profesión viene acumulando de manera creciente en las últimas décadas, como un punto de partida que las consolide e integre de manera coherente, articulando racionalmente las características y efectos de la formación, con las condiciones y garantías necesarias para la práctica profesional de la Psicomotricidad en Argentina.
Al mismo tiempo, servirá para proveer a la profesión de una referencia regulatoria objetiva y común, no solo para los propios psicomotricistas, sino también para los distintos ámbitos, instituciones y personas que reciben sus servicios y constituyen su campo profesional efectivo.

La actualidad de la Psicomotricidad en nuestro país distingue con claridad:

• Un campo disciplinar Con origen en el terreno de la interdisciplinariedad, la Psicomotricidad ha ocupado el campo vacante de la relación entre la motricidad y los fenómenos psíquicos que se delineó a partir de las primeras enunciaciones del siglo pasado, erigiéndose como un nuevo campo disciplinar, esto es, un cuerpo conceptual y metodológico propio, coherente y comunicable. Asimismo, en tanto disciplina y práctica, ha debido fundamentarse sobre investigaciones científicas que prueben su eficacia y su utilidad para los objetivos de asesoramiento, evaluación, prevención, desarrollo, educación, reeducación o terapia que se propone, y que efectivamente realiza.

• Una formación de grado acreditada Como expresión más cabal de este campo disciplinar, junto con otras instancias formadoras históricas (tecnicaturas, escuelas de posgrado, etc.) se ha configurado recientemente como formación universitaria de grado (Licenciatura) en 2 universidades públicas y en 2 privadas, 1 con acreditación ante la CONEAU y más de 2.600 horas de cursado, incluyendo una formación técnica intermedia, que provee al profesional del indispensable rol colaborador o auxiliar.

Al mismo tiempo, y como correlato natural, una formación docente específica en esta disciplina va abriéndose paso en búsqueda de más y mejores estrategias pedagógicas que exigen también reconocimiento y formalización. Además, estos avances vienen incorporándose progresivamente al currículo formativo de otros estudios de grado y postgrado de titulaciones sanitarias, educativas y sociales, que se benefician y enriquecen con el enfoque psicomotor.

Un campo de intervención profesional identificable Como hemos visto, la práctica efectiva de la psicomotricidad se localiza principalmente en los ámbitos de salud, educación y socio-comunitario, como contribución al pleno desarrollo corporal y como estrategia terapéutica, tanto en el sector público como privado: Al mismo tiempo, el desarrollo de la oferta de formación de grado en el ámbito universitario, ha aportado mayor precisión y legitimación a sus alcances o incumbencias del título. Y existen incluso, ofertas formativas diversificadas en orientaciones (sobre todo en salud y educación) y especializaciones (Estimulación Temprana, Niñez, Adolescencia, Gerontología, Relajación terapéutica, otras) que evidencian la vastedad de este campo profesional.

Un colectivo profesional organizado No es novedad que las profesiones han afianzado históricamente su identidad y su campo disciplinar junto con la construcción de su propio colectivo profesional. En el caso de los psicomotricistas, este colectivo dista mucho de ser un mero recurso discursivo para una realidad dispersa. Actualmente existen en el país asociaciones profesionales en Buenos Aires, Santa Fe, Salta y Córdoba, como espacios de referencia y actualización profesional que enriquecen la práctica.

CARACTERíSTICAS DEL PROYECTO DE LEY DE EJERCICIO PROFESIONAL DEL PSICOMOTRICISTA - AAP

Consideramos que el proyecto que impulsamos, constituye un avance significativo para la profesión psicomotricista, por cuanto:
• Define y delimita el campo profesional de la Psicomotricidad: La Psicomotricidad investiga, reflexiona y acciona sobre este campo que se describe desde la perspectiva de pensar al cuerpo como una construcción en la relación a un otro individual y social; reconociendo como fundamental a la construcción del discurso y la práctica psicomotrices, los aportes de los discursos médico, psicológico, pedagógico y del arte (a través de sus expresiones rítmica, plástica), etc.

• Se delimita y especifica, el objeto de estudio y trabajo de la Psicomotricidad en el cuerpo como construcción intersubjetiva, sus operaciones simbólicas, su capacidad de acción y sus modalidades de relación, y los métodos y procedimientos terapéuticos para su desarrollo y organización. Su evolución histórica ha ido estructurando un campo profesional autónomo que no solo está en condiciones de definirse y delimitarse jurídicamente, sino que exige tales precisiones en razón de su convivencia con otras profesiones complementarias o afines –medicina, psicología, etc.- muchas de ellas reguladas hace décadas.

• Confiere legitimación formal a la profesión La reciente evolución de la formación profesional al nivel de grado universitario, carece de un adecuado correlato con las condiciones de ejercicio profesional. Se ha producido así un desequilibrio entre el componente académico y el profesional, ya que cimentándose el primero en las reglas de coherencia conceptual de la propia disciplina, en su carácter de formación de grado, en la determinación de los alcances del título, en los procesos de autoevaluación institucional, y de evaluación y acreditación externa, el segundo se ve devaluado por ausencia de toda regulación y control.

• El ejercicio de la psicomotricidad constituye desde hace décadas una práctica socialmente reconocida en el ámbito público y privado, de manera que una ley de ejercicio profesional no la estaría creando, sino que estaría legitimando esta situación de hecho. Una profesión reconocida académicamente pero desprovista de regulaciones para su ejercicio no solo deprecia la práctica profesional, sino que constituye una gruesa contradicción entre el Estado-educador y el Estado-garante del bien común.

• Precisa requisitos y alcances de la matrícula profesional Si bien la certificación académica acredita la posesión de la formación adecuada y habilita a la vez para el inmediato ejercicio profesional, tal habilitación requiere materializarse en una matrícula que garantice y represente la satisfacción de determinadas condiciones personales y profesionales de idoneidad no solo técnica, sino también ética, operando como clara línea divisoria entre el ejercicio legal y el ilegal, distinción que hoy no resulta posible establecer, ni socialmente ni aún dentro del propio colectivo profesional.

• Las normas sobre matrícula profesional permitirán además determinar las circunstancias sobrevinientes inhabilitantes o que la tornen incompatible. A su vez, esta matrícula debe ser administrada por una institución representativa de la profesión, y no solo de control.

• Establece una autoridad de control del ejercicio de la profesión Regular una profesión exige también construir su institucionalidad. Las normas de ejercicio profesional no valen nada si no se cuenta con una autoridad legítima que las interprete, vele por su cumplimiento y aún resuelva eventuales situaciones no previstas creando normas complementarias. Cualquier norma de ejercicio profesional lo exige. En este caso, acorde a sus características y desarrollo en nuestro país, y como ocurre con la mayoría de las profesiones, corresponde que este control lo ejerzan los propios colegios profesionales cuya creación este proyecto promueve.

• Reconoce otras instancias formadoras precedentes (posgrados, escuelas e institutos) con relación a la actual formación de grado universitario (Licenciatura) Junto con la actual formación de grado universitario, existe una variedad de otras ofertas históricas en la formación psicomotricista en Argentina (tecnicaturas y posgrados brindados por instituciones terciarias y por las propias asociaciones profesionales), que este proyecto de ley también atiende, incorporando alternativas que –en los casos donde los contenidos formativos aseguren un ejercicio profesional solvente- permiten reconocerlas.

• Jerarquiza la profesión garantizando la autonomía de ejercicio Reconociendo sus orígenes en la interdisciplina, puede sostenerse no obstante que la Psicomotricidad reviste autonomía. Esto no excluye los indispensables canales de cooperación y articulación con la Medicina en general, la Psicología, la Fonoaudiología, la Psicopedagogía, la Pedagogía, pero sí implica tomar distancia de toda concepción auxiliar o subordinada, habida cuenta que ninguna otra profesión subsume o contiene completamente su campo disciplinar ni sus diversos itinerarios terapéuticos.

• Regula las condiciones del ejercicio profesional y de las actividades de colaboración de la misma, en el sector público y privado Esta ley permite desplegar y precisar con claridad las características y condiciones del ejercicio profesional: las distintas actividades de intervención (entrevistas con padres. el cuerpo del psicomotricista, actividad espontánea, actividad lúdica, actividad constructiva, actividades grafo-plásticas, relajación terapéutica); las distintas modalidades de intervención (individual o integrando equipos disciplinarios e interdisciplinarios); los distintos ámbitos de intervención (salud, educación y socio-comunitario); los distintos sectores (público y privado); el ejercicio profesional y las actividades de colaboración; las relaciones interinstitucionales e interdisciplinarias de articulación y cooperación; y los deberes y derechos profesionales.

• Posibilita la colegiación y confiere reconocimiento a las asociaciones profesionales La Colegiación reviste interés no solo para el colectivo Psicomotricista. Opera también como factor equilibrador de la dinámica profesional: en la representación y defensa del campo profesional, garantizando la idoneidad y ética del ejercicio, el efectivo control de la matrícula y la evolución profesional hacia nuevas formas de servicio. Asimismo, teniendo la Psicomotricidad 3 ámbitos de intervención precisos: salud, educación y socio-comunitario, el modelo de referencia exclusiva al Ministerio de Salud adoptado por otras profesiones de perfil médico o paramédico (psicología, kinesiología, etc.) como autoridad de aplicación de la ley de ejercicio profesional, produciría en este caso un desbalanceo respecto de los 2 ámbitos restantes (educación y social) de importancia y desarrollo no menor. Resultando imposible establecer 3 autoridades de aplicación concurrentes para la ley, la creación del Colegio o Consejo Profesional aparece como la solución más adecuada. Las Asociaciones Profesionales existentes ofrecen un terreno ya fertilizado en este sentido. La ley deberá asegurarles también el debido reconocimiento a su autoridad técnica y representación corporativa, garantizando su articulación con los Colegios o Consejos Profesionales que oportunamente se creen, como ocurre con otras profesiones que cuentan con ello.

• ASEGURA LA INSERCIóN EN LOS áMBITOS SOCIO-COMUNITARIO, EDUCATIVO Y SANITARIO

El reconocimiento explícito en la LEP de estos 3 ámbitos, como de localización de la actuación e intervención profesional psicomotricista, brindará canales consistentes a la actuación y condiciones de trabajo, tanto desde la propia perspectiva profesional como de las instituciones y personas que la requieran, sea en el sector público como privado. La ausencia de este reconocimiento al presente opera como un factor precarizante del trabajo psicomotricista, ya que la justificación de la actuación profesional exige con frecuencia un esfuerzo argumentativo adicional que otras profesiones ya reguladas no requieren, tornando aleatorio lo que debiera ser prescriptivo.
Ciertamente, es considerable la inserción de la psicomotricidad en el ámbito sanitario, con presencia en distintos servicios hospitalarios sobre todo públicos, así como en los muy diferentes sanatorios, clínicas y consultorios privados, aunque en la gran mayoría de los casos y por el actual vacío regulatorio, sin retribución económica alguna. Con todo, esto va de la mano con una concepción clásica de la Psicomotricidad como auxiliar o colaboradora de la medicina, habilitando el desempeño en este ámbito, pero en un rol subordinado que como quedó dicho no compartimos por su reduccionismo.
Por otra parte, la intervención profesional en los ámbitos educativo y socio-comunitario registra también una demanda creciente.
En educación, por caso, la práctica psicomotriz presenta situaciones distintas en cada uno de los niveles y ámbitos de inserción. En educación común existe una presencia de hecho, tanto en el nivel inicial (incluido el maternal) como el primario. Dicha presencia se materializa, generalmente, a través de talleres en los que la experiencia corporal toma un lugar central y es puesta en circulación desde distintos lugares. Estas experiencias son llevadas a cabo, casi siempre, en instituciones privadas que apuestan a un proyecto en el que el cuerpo pueda ser escuchado. El psicomotricista interviene, también en la integración de niños con necesidades educativas especiales ocupando los puestos de Docentes Integradores y en equipos de coordinación realizando los aportes pertinentes.
En educación especial, la práctica psicomotriz tiene un mayor reconocimiento formal, ya que el cargo de Psicomotricista existe en las plantas funcionales de las escuelas e instituciones de varias provincias. Es inevitable ubicar aquí el lazo histórico que ha unido a esta disciplina con el abordaje de niños con discapacidad. Si se concibe a la educación especial en un lugar intermedio entre lo educativo y lo terapéutico, la psicomotricidad aporta una mirada privilegiada a la hora de pensar las intervenciones y estrategias en este ámbito. Ya que el cuerpo suele presentarse marcado por la patología y con escasez de revestimientos simbólicos que ayuden a acceder al funcionamiento.
En cuanto a la formación de los docentes, los aportes de la Psicomotricidad se van haciendo escuchar en forma paulatina. Existen contenidos propios del campo psicomotor en asignaturas que forman parte del tronco común de los profesorados de los niveles Inicial, Primario y Especial. Dichas asignaturas están siendo dictadas por psicomotricistas cada vez con mayor frecuencia. En el Profesorado en Educación Especial con especialización en Discapacidad Intelectual (Plan en vigencia actualmente en la Pcia. de Bs As) existe específicamente la materia Psicomotricidad, por citar solamente un ejemplo.
Asimismo la oferta de cursos de capacitación para docentes de los distintos niveles, incluye cada vez más los aportes de la Psicomotricidad. Tanto desde el punto de vista teórico, para pensar el funcionamiento del cuerpo en la instancia del aprendizaje; como desde el de la inclusión de la temática de cuerpo en la dinámica escolar.
En el ámbito socio-comunitario la Psicomotricidad interviene en los programas de políticas públicas de desarrollo social y comunitario, programas y proyectos hacia la comunidad tanto en salud como en educación favorecen el desarrollo de la salud de la población, especialmente en ámbitos donde el niño y su familia se encuentran en situación de vulnerabilidad y en riesgo social. El lugar del cuerpo y su estructuración psicomotriz quedan expuestos frente al debilitamiento de las relaciones familiares, la falta de inserción social y laboral y la dificultad de acceso a la educación.
El riesgo en las edades tempranas convoca a intervenir con el niño y su familia, en donde la Psicomotricidad ofrece espacios individuales y grupales, abordando las dificultades que en cada relación parental se presenta. Interviene oportunamente, estableciendo parámetros de información, ofreciendo espacios de reflexión y acompañamiento desde la palabra y el juego; ejes en donde la relación primaria del niño con sus padres posibilita la construcción de su cuerpo y de la subjetividad.
Otro tiempo de especial vulnerabilidad en éste ámbito es la adolescencia, como un momento particular de cambios, en donde se presentan frecuentemente los embarazos, que por su condición temprana y por las carencias antes mencionadas, es una situación particular de riesgo de la joven y su bebé. Así como también diferentes problemáticas de adicciones. Así mismo, se destacan en riesgo, los gerontes que por la falta de recursos, contención familiar, quedan expuestos a severas dificultades en la integración social y de la salud.

LA LEY CONFIERE AúN MAYOR VISIBILIDAD Y LEGITIMIDAD A ESTOS 3 CAMPOS:

• Establece parámetros y prescripciones de orden deontológico
La ética profesional constituye una dimensión tan relevante como la técnica y los instrumentos de intervención.La formulación de deberes y derechos, de los requisitos personales y técnicos que deben ser satisfechos para el ejercicio profesional, y de las prescripciones de orden disciplinario que la ley provee para el ejercicio profesional para todo el territorio nacional, garantizan la adecuación del servicio profesional a estándares de calidad que la prestigien, que sean sostenidos en el tiempo y que la sociedad pueda exigir, y que habrán de integrarse con aquellos otros que los propios colegios o consejos profesionales establezcan oportunamente.

• Provee una regulación nacional de carácter supletorio e impulsa la legitimación de la profesión en las provincias
Considerando la configuración federal de nuestro país, y el poder de policía sobre las profesiones que corresponde a las respectivas provincias, esta ley nacional constituye un primer paso –de enorme importancia sin duda- para un proceso de formalización de la profesión que deberá complementarse con legislación provincial de adhesión o de creación local -pero siempre en consonancia con las prescripciones nacionales que en todo caso habrán de operar como norma supletoria y orientadora- complementada con la creación de los respectivos Colegios o Consejos Profesionales locales.

• Regula las condiciones del ejercicio profesional y de las actividades de colaboración de la misma, en el sector público y privado.